Un estudio demuestra que los perros no sólo son capaces de reconocer a quién los alimenta… también quién podría llegar a alimentarlos. Observando a los humanos, los canes pueden detectar la generosidad o el egoísmo.

La inteligencia de los perros, así como su capacidad para adaptarse al estilo de vida de sus amos humanos no es ningún secreto. Sin embrago, esta milenaria relación hombre – perro ha ganado en complejidad, y sus detalles siempre resultan interesantes. Cualquiera que haya tenido un perro en su familia sabe que el animal es capaz de saber el rol que cada integrante de la “familia – manada” juega en el grupo. Y por supuesto, están al tanto del lugar donde se guarda el alimento y de quién será el bípedo implume que se las proporcione. Ahora, un estudio realizado por el laboratorio Canis Sapiens de la Universidad de Milán, indica que los perros pueden detectar a las personas a las que vale la pena pedirles comida, aún entre personas desconocidas o que nunca se encargaron de alimentarlos. “Cada vez más evidencia muestra que esta especie es más refinada de lo que pensábamos”, afirmó a la cadena británica BBC la investigadora Sarah Marshall-Pescini, co autora del estudio. Para el estudio, Marshall y su equipo evaluaron si, para reaccionar, los perros se basan en experiencias previas o si más bien observan las interacciones entre las personas. En el experimento, los animales estudiaban a tres actores. Uno de ellos solicitaba comida a los otros dos. Mientras uno de ellos se mostraba generoso y le daba parte del alimento que tenía en sus manos, el último actor no le daba ni una migaja. Los actores involucrados debieron pararse con firmeza en el escenario, ya que “los perros más corteses sólo mantuvieron la mirada sobre la persona, mientras que los demás le saltaron encima”, añadió la experta. Durante el experimento, los perros observaron cuidadosamente cada interacción sin perder el interés. “Lo que vimos fue que, efectivamente, cuando les tocaba elegir, la mayoría buscaba interactuar con el individuo que había demostrado ser más simpático”, explica Marshall. La científica reconoce que no existen muchos estudios acerca de cómo interpretan los animales el altruismo o egoísmo humanos, y asegura que el suyo es un pequeño paso adelante en ese campo.













